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LAS HABILIDADES FINANCIERAS DE LOS CABALLEROS TEMPLARIOS

LAS HABILIDADES FINANCIERAS DE LOS CABALLEROS TEMPLARIOS

Las gravísimas acusaciones contra los caballeros templarios, que iban desde la herejía hasta las abominaciones sexuales o la hechicería y que llevaron a los monjes guerreros a la hoguera, fueron el escudo tras el que se ocultó el rey Felipe IV de Francia para saldar su inmensa deuda con la Orden. A principios del siglo XIV el recinto de El Temple en París era el centro financiero de Europa, una especie de banco central que custodiaba el tesoro real de Francia y el oro de los nobles, y junto al New Temple de Londres, fueron utilizados por los mercaderes como centro de depósito de valores. Los caballeros templarios, tan hábiles financieros como florentinos o genoveses, habían alcanzado un extraordinario poder político y económico que les permitía estar fuera del control de papas y reyes, pero también habían despertado los recelos de muchos, que veían en ellos una seria amenaza a sus privilegios.

Los caballeros de la Orden del Templo de Salomón, surgida a principios del siglo XII con el fin de escoltar a los peregrinos desde Jaffa a Jerusalén, fueron encargados por el papado de la recaudación de fondos y del transporte de moneda desde Occidente a Oriente. En 1220 el papa Honorio III encargó a un templario llevar a Egipto el dinero que financiaría la V Cruzada y unos años después los monjes prestaron y transportaron el dinero del rescate exigido por el sultán para liberar al rey Luis IX de Francia y a lo que quedaba de su ejército.

Tras la Primera Cruzada los reyes y nobles se vieron obligados a aportar fondos para la defensa de Tierra Santa y fueron las órdenes militares –caballeros hospitalarios y templarios- las principales beneficiarias. Monjes guerreros disciplinados y solventes se ganaron muy pronto la confianza de los poderosos para llevar a cabo sus transacciones monetarias y fueron depositarios de generosas donaciones.  La reina Matilde de Inglaterra,  ya en 1137, cedió las aldeas de Cressing y Witham en Essex  y Cowley en Oxfordshire a los templarios. Convertidos en tesoreros y limosneros de los reyes de Francia, Inglaterra, Escocia, Aragón…. muy pronto estuvieron en la cima del poder en Europa.

¿Cómo llegaron a acumular tanta riqueza? Desde sus comienzos los templarios se caracterizaron por ser excelentes gestores y administradores. Además de desarrollar sistemas para la recaudación, depósito y transporte de efectivo y valores (usaban letras de cambio), ofrecían otros servicios financieros como la concesión de préstamos a cambio del cobro de impuestos, la custodia de objetos de valor, incluso la administración de la Corona francesa -eran los responsables absolutos de la tesorería, recibían el pago de impuestos y pagaban a los oficiales del Ejército-.

Para burlar la prohibición que existía sobre los cristianos, que no podían cobrar intereses por los préstamos, establecieron diversas cláusulas que les permitieron acumular más riqueza que a los judíos sin estar sometidos a acusaciones de usura. También actuaban como mensajeros en misiones secretas y asesoraban a papas y reyes en asuntos políticos. Formaban parte de los centros de poder en la toma de decisiones como consejeros de estrategias de guerra de los reyes de Aragón, Jerusalén, Portugal y Francia.

Pero las actividades financieras más lucrativas giraban en torno a las donaciones (Felipe II de Francia legó 150.000 marcos de plata) y las exenciones en el pago de impuestos. Se creó también un tipo de donación especial que otorgaba beneficios fiscales al donante a cambio de nombrar a la Orden heredera de sus bienes. Tal fue la cantidad de donaciones en Europa que se aprobó una ley que obligaba a la autorización real para las donaciones de particulares a instituciones religiosas. Se quería evitar así que las tierras que pagaban impuestos a la Corona quedaran exentas al pasar a manos eclesiásticas.

Las explotaciones agrarias y ganaderas estaban organizadas en encomiendas cada vez más rentables. El alquiler de los molinos hidráulicos para moler el grano fue una fuente importante de ingresos porque eran caros de construir y mantener. Tenían derechos de deforestación para dedicar tierras a la agricultura, cobraban los diezmos sobre la producción de cereales y poseían grandes rebaños que les permitían participar activamente en el comercio de la lana y la industria textil. Recibieron también privilegios comerciales para celebrar mercados semanales y ferias anuales en muchas de sus encomiendas. Diversificaron sus fuentes de ingresos y la Orden disponían de salinas, manufacturas de vidrio, herrerías, producción de vino para la exportación…

Los caballeros templarios llevaron a cabo una importante actividad marítima comercial y llegaron a armar una flota propia. Embarcaron regularmente en los puertos de Marsella y La Rochelle peregrinos, dinero y mercancías a partir de comienzos del siglo XIII.  Más adelante operaron también desde Sicilia (bajo el control de Carlos de Anjou) y otros puertos del sur de Italia, y entre sus actividades se encontraba el  transporte de equipamiento militar del Mediterráneo occidental a Oriente.

Tras la ejecución del Gran Maestre, Jacques de Molay, a principios del siglo XIV y la disolución de la Orden, la mayoría de los bienes templarios pasaron a la Corona o revirtieron a las familias que habían hecho las donaciones. Dependiendo de las zonas también en algunos casos los bienes pasaron a otras órdenes religiosas, como los hospitalarios, o a otras creadas a tal fin como la Orden de Cristo en Portugal o la  Orden de Montesa en Aragón.

 

 

 

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