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LA PROSPERIDAD PASÓ DE LARGO EN EL IMPERIO DE LOS AUSTRIAS (PARTE 1)

LA PROSPERIDAD PASÓ DE LARGO EN EL IMPERIO DE LOS AUSTRIAS (PARTE 1)

En 1568 el Mercado de Caballos de Bruselas fue escenario de la ejecución de Lamoral Egmont y del conde de Horn, Caballeros de la Orden del Toisón de Oro. La decisión tomada por el duque de Alba abrió de par en par las puertas de un conflicto bélico en los Países Bajos que durante 80 años supuso una obsesión ruinosa para los gobiernos españoles de los Austrias y que consumió buena parte de sus recursos económicos y morales.

Felipe II se empeñó en ser el soberano de un territorio del que ni siquiera conocía el idioma y para cuando quiso rectificar – en 1598 abdicó en su hija Isabel Clara Eugenia- ya fue tarde. La conocida como Guerra de Flandes minó la estabilidad y el prestigio internacional de todos los gobiernos de Madrid, condicionó la política exterior  e hipotecó la economía peninsular.

Los Países Bajos formaban parte de la herencia que el emperador Carlos I, nacido en Gante en 1500, había recibido de su padre, Felipe de Borgoña. Gracias al control del transporte marítimo, eran un pilar básico en la estructura económica de la Corona  ya que controlaban las rutas comerciales entre el norte de Europa y la Península. Además, su aportación a través de los impuestos era fundamental para la Hacienda imperial, acogían las negociaciones de préstamos con los banqueros europeos y sobre todo, recibían el 75% de la lana de Castilla para su venta.

Sin duda fue la consolidación del control de las rutas comerciales en el mar Báltico, desde mediados del siglo XVI, lo que alteró el equilibrio de la economía europea y convirtió a las ciudades de los Países Bajos en el centro económico mundial. A través del Sund danés llegaban a Amsterdam y Rotterdam materias primas -madera, cereales, pesca y sal, un 50% de las mercancías mundiales- mientras que Amberes, capital financiera, controlaba el comercio de especias, seda, plata y lana inglesa. Barcos holandeses se ocupaban después de reexportar estas mercancías en Europa. Se calcula que ya en la década de los 60, el 75% de los 3000 barcos que cruzaron el estrecho del Sund eran holandeses.

Al igual que el resto de los territorios que formaban parte de la Corona de los Habsburgo, los Países Bajos contaban con un gobierno autónomo que, a mediados el siglo XVI, comenzó a enfrentarse al malestar de los nobles, liderados por Guillermo de Orange, que pedían mayor autonomía política y libertad religiosa. Aunque ya en los inicios del conflicto Felipe II  reconocía que la única forma de controlar estos territorios era dominar sus líneas de transporte marítimo, -de hecho toleraba el comercio español en barcos holandeses-, respaldó la política de Alba.

El Tribunal de Tumultos, llamado popularmente el Tribunal de la Sangre, ejecutó a más de 1000 personas en los primeros meses tras la llegada del duque de Alba.  El clima de terror y  represión, que alimentó la propaganda antiespañola y la famosa “leyenda negra”,  se prolongó hasta su destitución pero para entonces la situación era ya incontrolable. Las guerras en Flandes consumían las rentas del gobierno y la plata americana. En la década de los 70 los gastos ordinarios suponían 600.000 ducados al mes. Según los registros del Consejo de Hacienda en 1574 el ingreso de tesorería era de 6 millones de ducados y los gastos alcanzaban los 80 millones!

Por otra parte la fractura entre el  norte y el sur de los Países Bajos era cada vez mayor y amenazaba un enfrentamiento civil. Las interrupciones al comercio en el Báltico a causa de la guerra entre Suecia y Dinamarca en la década de los 60 frenaron las importaciones de trigo, lo que provocó la subida de los precios y la caída de la demanda de manufacturas. El descontento de la población avivó el conflicto político y Guillermo de Orange buscó el apoyo de los protestantes alemanes y los hugonotes franceses, enemigos acérrimos de Felipe II. Pero fue la colaboración de Inglaterra la que resultó definitiva, ya que la reina Isabel no desaprovechó ninguna ocasión para dañar los intereses Habsburgo –ya en 1568 la armada inglesa de William Hawkins se apoderó de las naves españolas que llevaban medio millón de ducados para pagar a los tercios  de Flandes-.

En 1579 los católicos del sur en reacción a los excesos calvinistas formaron la Unión de Arrás, acordando respetar la soberanía de Felipe II. El norte respondió con la Unión de Utrech y en 1581 la ruptura se hizo oficial cuando los Estados Generales de las Provincias Unidas declararon su independencia y depusieron al rey como soberano.

Las causas por las que a partir de este momento se produjo el despegue económico definitivo de las Provincias Unidas hay que buscarlas en su dominio absoluto del transporte marítimo. Los astilleros holandeses utilizaban la tecnología más avanzada de la época y durante el siglo XVII construyeron las fluyt, unas embarcaciones con mayor capacidad de carga y menor coste de gestión, que aumentaron la rentabilidad de las inversiones. Otros sectores como la industria textil, que  diversificó su oferta y obtuvo nuevos mercados, o la agricultura que aplicó las mejoras tecnológicas (canalización, irrigación, abonos etc…) estaban también muy por delante de sus competidores europeos.

 

 

 

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