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HOLANDA Y SU PASIÓN POR LOS TULIPANES (PAÍSES BAJOS 2)

HOLANDA Y SU PASIÓN POR LOS TULIPANES  (PAÍSES BAJOS 2)

El pirata holandés Piet Heyn atacó en 1628 a la flota española en la Bahía de Matanzas (Cuba) cuando se dirigía al puerto de Cádiz con la plata de Nueva España. La captura de los 22 navíos que formaban la flota supuso una auténtica catástrofe ya que las pérdidas se calcularon en un millón de ducados en plata más tres millones en barcos y artillería. Los holandeses invirtieron el botín en la construcción de una nueva flota que en 1630 arrebató Pernambuco (Brasil) a los portugueses, que por entonces todavía formaban parte de la Corona española. Fue tan grave la repercusión del desastre de Matanzas que el conde-duque de Olivares liberó de su encierro a Quevedo para que publicitara al régimen!

En 1621 finalizó la Tregua de los Doce Años que había firmado Felipe III con las Provincias Unidas y que fue vista por muchos como una humillación. A partir de entonces  se reanudaron las hostilidades y España se vio involucrada de pleno en la Guerra de los Treinta Años. Un conflicto que convirtió Europa en un tablero de juegos de estrategia, donde el enfrentamiento entre católicos y protestantes –entre los príncipes alemanes y el emperador- terminó siendo una lucha por la hegemonía continental en la que los Habsburgo perdieron su poder.

Las Provincias Unidas abrieron sus fronteras y permitieron que se instalaran allí capitalistas protestantes del sur, científicos, escritores, artistas. Ámsterdam desplazó a Amberes como centro económico –de hecho pronto se denominó Holanda a todas la Provincias-, redujo los aranceles y permitió el desarrollo de nuevas actividades. Comenzaron a explotarse los recursos naturales (turba) y la energía eólica y gracias a la aplicación de nuevas tecnologías en la agricultura se amplió la superficie de tierra cultivable con sistemas de diques y elevadores de agua, lo que permitió a los inversores holandeses construir granjas y tierras de pasto en los terrenos ganados al mar.  Además de corazón financiero,  durante el siglo XVII Ámsterdam fue centro de almacenamiento, distribución y venta de productos a nivel mundial, manejaba el comercio de metales preciosos y controlaba el tráfico de esclavos entre África, Europa y América.

Los términos de la Tregua fueron tan ambiguos que los holandeses aprovecharon para consolidar sus actividades también en el comercio de ultramar. En 1602 fundaron la Compañía Holandesa de las Indias Orientales (VOC) con la que en pocos años desplazaron a los portugueses de Asia. La compañía estaba dividida en seis departamentos que participaban en el capital social con una cuota previamente establecida y que emitían acciones de valor nominal variable. En lugar de hacer la suscripción de acciones para cada viaje, los inversores se comprometían por un periodo de 10 años, garantizando la estabilidad y un mercado de títulos muy dinámico. En realidad se convirtió en una sociedad anónima que operaba en el Banco de Ámsterdam.

La VOC era independiente del poder político y solo era responsable ante sus accionistas.  Creaba bases militares, firmaba tratados comerciales, establecía los impuestos en las colonias, alcanzó tanto poder como un estado. En 1621 se creó la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales y sus actividades comerciales pusieron constantemente en peligro los territorios de Castilla y Portugal. Gran parte del éxito de ambas compañías se debió a la solidez y fortaleza de las instituciones neerlandesas y a un sistema financiero fluido y dinámico. La Bolsa de Ámsterdam era el mercado financiero más importante del mundo.

En este ambiente de euforia, donde el dinero y la sensación de riqueza  abundaban, se produjo la primera burbuja financiera de la historia, la de los bulbos de tulipán. Todo comenzó con un virus que atacó algunos bulbos y dio lugar a unas llamaradas de color en los pétalos de la flor. Los tulipanes se convirtieron en flores exóticas por las que las clases acomodadas comenzaron a pagar grandes sumas de dinero. La exportación de algunas partidas de estos bulbos a Francia hizo creer a muchos que la demanda no iba a parar de crecer. Como las flores tenían un periodo de vida corto los inversores comenzaron a especular sobre los bulbos enterrados, creando así los contratos de futuro: lo que compraban y vendían eran los derechos sobre los futuros tulipanes y el único desembolso inicial era una señal que aseguraba el contrato y permitía revender el derecho sobre el bulbo.

Muchos comenzaron a vender sus casas y sus tierras para comprar derechos sobre futuros tulipanes –entre 1634-35 se firmaron acuerdos por 100.000 florines por 20 bulbos o de 5 hectáreas de terreno por uno-. Pero en 1637 los precios, que habían llegado demasiado alto  bajaron bruscamente y la burbuja estalló.

El despegue económico que vivió Holanda durante todo el siglo XVII fue imparable y todos los intentos de la Corona española por frenarlos fracasaron. Los golpes definitivos se produjeron en  1639 en Las Dunas, donde se perdió la flota española que se dirigía a Flandes con tropas y provisiones y en Rocroi en 1643, donde los tercios de Flandes fueron definitivamente derrotados. Cuatro años después Felipe IV cedió la soberanía de los territorios a Leopoldo de Austria y en 1648 España reconoció a la nueva república en los Tratados de Münster. La guerra por fin, se había acabado.

 

 

 

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