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EL “EQUIPAJE DEL REY JOSÉ”, OTRA FORMA DE DIFUNDIR EL ARTE ESPAÑOL

EL “EQUIPAJE DEL REY JOSÉ”,  OTRA FORMA DE DIFUNDIR EL ARTE ESPAÑOL

A pesar de la promulgación de algunas leyes que intentaban evitar la salida de obras de arte, marchantes extranjeros visitaban España a comienzos ya del siglo XIX buscando pinturas para las colecciones  públicas y privadas europeas, sobre todo  británicas y posteriormente estadounidenses, que durante estos años comenzaron a ponerse de moda. Hasta ya finalizada la Guerra Civil en 1939 se produjo la salida irregular de patrimonio artístico motivado en muchos casos por la inestabilidad política, las guerras, la falta de interés por la cultura y sobre todo por la escasez de medios económicos. Incluso se llegaron a tasar las obras del Museo del Prado tras la pérdida de las colonias en 1898 por si debían utilizarse para financiar los gastos ocasionados por la guerra con los Estados Unidos.

La escandalosa salida de obras de arte que se produjo en España durante la Guerra de la Independencia (1808-1814) fue curiosamente la vía a través de la cual la pintura española se dio a conocer en el resto de Europa  y comenzó a despertar el interés de los nuevos coleccionistas en Estados Unidos. Los dos episodios más importantes en cuanto a calidad y volumen de  obras de arte expoliadas  fueron la incautación de los bienes de Manuel Godoy y la derrota de los franceses en la batalla de Vitoria de 1813, y en ambos casos obras de un maestro emblemático,  Velázquez, formaban parte del botín.

A comienzos de 1808 las tropas francesas entraron en España aprovechando el desconcierto que se vivía en la corte de Carlos IV:  la credulidad del rey, las intrigas de la siniestra reina María Luisa, la desmedida ambición de su favorito, Manuel Godoy,  y el enfrentamiento de todos ellos con el Príncipe de Asturias, el futuro Fernando VII. Napoleón, entonces en la cumbre de su poder, supo manejar a todos los actores y tras la firma del Tratado de Fontainebleau unos meses antes –octubre de 1807-, se convirtió en el director de la política española. Prometer a Godoy uno de los tres estados en que iba a ser dividido Portugal, que se convertiría así en Príncipe de los Algarves, fue suficiente para abrir a los franceses de par en par las puertas de la Península.

El príncipe de Asturias, apoyado por un grupo de nobles  y las simpatías del pueblo, animó el levantamiento popular contra el valido de su padre, y así llegamos a la madrugada del 18 de marzo de 1808 cuando los amotinados asaltaron el palacio de Godoy en Aranjuez. La residencia albergaba la espléndida colección de pintura española, italiana y flamenca que el favorito de Carlos IV había reunido en sólo 16 años gracias a algunas compras y sospechosos “regalos”. Entre los más de 1000 cuadros estaban La maja vestida, La maja desnuda y el retrato de la Condesa de Chinchón de Goya y el Cristo Crucificado y la famosa Venus del Espejo de Velázquez -el único desnudo en la pintura española en el siglo XVII-.

Aunque el nuevo rey ordenó el embargo de todas las propiedades de Godoy, el general Murat, al mando de las tropas napoleónicas, se instaló en el Palacio y tomó el control de la colección, que se dispersó rápidamente por toda Europa. Aunque muchos cuadros se recuperaron tras la finalización de la Guerra y la firma del Tratado de Viena (1815), actualmente sigue habiendo muchas obras en paradero desconocido.

Curiosamente las obras de Goya no interesaron ni a los militares franceses ni a los marchantes, probablemente por ser un pintor en activo, y fueron de los pocos cuadros que permanecieron en España. Por el contrario la Venus del Espejo –regalo de la XIII duquesa de Alba a Godoy-, fue uno de los primeros que salió del palacio camino de Inglaterra –algunos documentos lo sitúan en Londres ya en 1813- y tras varios cambios de propietario fue adquirido por la National Gallery donde continúa hoy.

También en Londres, en esta ocasión en Apsley House, la que fue residencia del duque de Wellington y que hoy alberga el Museo, se conservan, entre otras muchas obras maestras, tres cuadros de Velázquez. Su viaje comenzó cuando, tras la derrota de su hermano en Rusia,  José I Bonaparte inició la huida y salió de Madrid protegido por sus tropas y acompañado del botín (el conocido como el “equipaje del rey”) que había acumulado durante su breve reinado. En julio de 1813 se enfrentaron en Vitoria, la última gran batalla de la guerra, con las tropas angloespañolas que dirigía el general Arthur Wellesley, duque de Wellington. Los carros cargados de cuadros, piezas de orfebrería religiosa y joyas cambiaron de manos y los ingleses se quedaron con todo el “equipaje” que los franceses abandonaron en su huida.

Entre las piezas que viajaron a Apsley House estaban tres cuadros de Velázquez: El Aguador de Sevilla, el Retrato de un hombre –probablemente José Nieto que también aparece en Las Meninas- y Dos hombres a la Mesa. El duque de Wellington encargó examinar y catalogar los cuadros y al constatar que pertenecían a la colección real española se puso en contacto con el gobierno de España y con el rey Fernando VII para devolverlos. Tras varios intentos de comunicación que no obtuvieron respuesta recibió finalmente en 1816 la noticia de la “generosidad” del rey, que decidió regalar al duque toda la colección. Hoy en día pueden visitarse en el Wellington Museum de Londres.

Dadas las dificultades económicas y políticas por las que ha pasado España en los últimos dos siglos, quizá sea razonable pensar que muchas obras de arte se han conservado gracias precisamente a que salieron del país.

 

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