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UN PASEO POR ALBI, RECORDANDO LA CRUZADA CONTRA LO...

A unos 45 minutos de Toulouse se encuentra la ciudad de Albi, que fue durante la Edad Media el corazón de la cruzada contra la herejía cátara. Con algo más de 50.000 habitantes,  a orillas del Tarn en la región de Mediodía-Pirineos, fue declarada Patrimonio Mundial de Unesco en 2010. Diseminados por toda la región se encuentran los pueblos que nacieron como  fortalezas cátaras y que hoy conservan un asombroso patrimonio arquitectónico. Seguramente el más conocido de todos ellos sea Carcasonne, pero un poco más al norte, entre los viñedos de Gaillac y el bosque de Gresigne, se encuentra Cordes sur ciel, una villa medieval también imprescindible.

El Tarn a su paso por Albi

LAS HABILIDADES FINANCIERAS DE LOS CABALLEROS TEMP...

Las gravísimas acusaciones contra los caballeros templarios, que iban desde la herejía hasta las abominaciones sexuales o la hechicería y que llevaron a los monjes guerreros a la hoguera, fueron el escudo tras el que se ocultó el rey Felipe IV de Francia para saldar su inmensa deuda con la Orden. A principios del siglo XIV el recinto de El Temple en París era el centro financiero de Europa, una especie de banco central que custodiaba el tesoro real de Francia y el oro de los nobles, y junto al New Temple de Londres, fueron utilizados por los mercaderes como centro de depósito de valores. Los caballeros templarios, tan hábiles financieros como florentinos o genoveses, habían alcanzado un extraordinario poder político y económico que les permitía estar fuera del control de papas y reyes, pero también habían despertado los recelos de muchos, que veían en ellos una seria amenaza a sus privilegios.

EL “EQUIPAJE DEL REY JOSÉ”, OTRA FORMA DE DIFUNDIR...

A pesar de la promulgación de algunas leyes que intentaban evitar la salida de obras de arte, marchantes extranjeros visitaban España a comienzos ya del siglo XIX buscando pinturas para las colecciones  públicas y privadas europeas, sobre todo  británicas y posteriormente estadounidenses, que durante estos años comenzaron a ponerse de moda. Hasta ya finalizada la Guerra Civil en 1939 se produjo la salida irregular de patrimonio artístico motivado en muchos casos por la inestabilidad política, las guerras, la falta de interés por la cultura y sobre todo por la escasez de medios económicos. Incluso se llegaron a tasar las obras del Museo del Prado tras la pérdida de las colonias en 1898 por si debían utilizarse para financiar los gastos ocasionados por la guerra con los Estados Unidos.

La escandalosa salida de obras de arte que se produjo en España durante la Guerra de la Independencia (1808-1814) fue curiosamente la vía a través de la cual la pintura española se dio a conocer en el resto de Europa  y comenzó a despertar el interés de los nuevos coleccionistas en Estados Unidos. Los dos episodios más importantes en cuanto a calidad y volumen de  obras de arte expoliadas  fueron la incautación de los bienes de Manuel Godoy y la derrota de los franceses en la batalla de Vitoria de 1813, y en ambos casos obras de un maestro emblemático,  Velázquez, formaban parte del botín.

EL DESPEGUE DEL COLONIALISMO INGLÉS Y LA COMPAÑÍA ...

Dicen que sir Isaac Newton perdió más de 20.000 libras de las de 1720 tras estallar la burbuja financiera de la South Sea Company, la Compañía de los Mares del Sur.  Entre los afectados hubo varios miembros del gobierno, decenas de aristócratas y miles de inversores. En vista de la situación creada, el Parlamento británico promulgó la Bubble Act, que establecía la obligatoriedad para todas las empresas que quisieran comerciar con América de una autorización especial del gobierno.

El ambiente de euforia que dio pie a este escándalo financiero llevaba gestándose durante décadas, en las que acabar con la primacía comercial de los holandeses se convirtió en el primer objetivo del gobierno inglés. En 1651 Cromwell promulgó el Acta de Navegación, primera de una legislación que estimulaba y protegía la industria y el comercio inglés frente a la competencia holandesa. Las leyes proteccionistas  –clave del mercantilismo dominante en la época- consiguieron ganarle el terreno a las Provincias Unidas, que vieron como su declive era aprovechado por Gran Bretaña. De todas formas y como pasa siempre, la lucha por controlar las rutas marítimas provocó enfrentamientos y guerras entre ambos países durante todo el XVII.

HOLANDA Y SU PASIÓN POR LOS TULIPANES (PAÍSES BAJO...

El pirata holandés Piet Heyn atacó en 1628 a la flota española en la Bahía de Matanzas (Cuba) cuando se dirigía al puerto de Cádiz con la plata de Nueva España. La captura de los 22 navíos que formaban la flota supuso una auténtica catástrofe ya que las pérdidas se calcularon en un millón de ducados en plata más tres millones en barcos y artillería. Los holandeses invirtieron el botín en la construcción de una nueva flota que en 1630 arrebató Pernambuco (Brasil) a los portugueses, que por entonces todavía formaban parte de la Corona española. Fue tan grave la repercusión del desastre de Matanzas que el conde-duque de Olivares liberó de su encierro a Quevedo para que publicitara al régimen!

En 1621 finalizó la Tregua de los Doce Años que había firmado Felipe III con las Provincias Unidas y que fue vista por muchos como una humillación. A partir de entonces  se reanudaron las hostilidades y España se vio involucrada de pleno en la Guerra de los Treinta Años. Un conflicto que convirtió Europa en un tablero de juegos de estrategia, donde el enfrentamiento entre católicos y protestantes –entre los príncipes alemanes y el emperador- terminó siendo una lucha por la hegemonía continental en la que los Habsburgo perdieron su poder.

LA PROSPERIDAD PASÓ DE LARGO EN EL IMPERIO DE LOS ...

En 1568 el Mercado de Caballos de Bruselas fue escenario de la ejecución de Lamoral Egmont y del conde de Horn, Caballeros de la Orden del Toisón de Oro. La decisión tomada por el duque de Alba abrió de par en par las puertas de un conflicto bélico en los Países Bajos que durante 80 años supuso una obsesión ruinosa para los gobiernos españoles de los Austrias y que consumió buena parte de sus recursos económicos y morales.

Felipe II se empeñó en ser el soberano de un territorio del que ni siquiera conocía el idioma y para cuando quiso rectificar – en 1598 abdicó en su hija Isabel Clara Eugenia- ya fue tarde. La conocida como Guerra de Flandes minó la estabilidad y el prestigio internacional de todos los gobiernos de Madrid, condicionó la política exterior  e hipotecó la economía peninsular.

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